lunes, 17 de noviembre de 2014

Dentro del ojo

Hace unos meses colaboré con el Fanzine "El síndrome de Solomon" que autoedita la gente de La Envidia casa taller.
El requisito era crear un texto o imagen relacionado con La Envidia. Les envié un texto de pseudo ciencia ficción cortito y, oye, me hizo ilusioneta que lo seleccionaran y lo incluyeran.
Hoy he encontrado el fanzine por casa y lo he vuelto a leer. Os lo dejo por aquí para que le echéis un ojete, porque de eso va básicamente, de ojetes humanos.
El ojo, propio y ajeno... esa cosa tan alien.



IN-VIDIA: DENTRO DEL OJO

Llevamos cinco semanas de misión en el satélite In-vidia.

Creíamos estar solos cuando iniciamos las maniobras sobre la superficie del satélite. Fue entonces cuando detectamos la presencia de algo parecido a un gran ojo sobre la estación.
Nuestros equipos han dejado de transmitir y recibir señales. Cualquier intento de explorar la superficie más allá del perímetro visual de la nave es inútil. Hemos perdido a dos miembros de la misión. Desconocemos su paradero.
Dentro las cosas empeoran. Nuestros ojos se están convirtiendo en algo voraz e incontrolable. Nuestra visión muta. Se introduce en todos los objetos sobre los que dirigimos nuestra mirada, sin descanso.

Parece que los tripulantes podemos detener la actividad devoradora de nuestros ojos, introduciendo nuestra mirada en algunos objetos. Cuando esto sucede aparece en el resto del equipo un deseo incontrolable de poseer esos objetos, arrebatarlos al compañero que ha encontrado reposo en ellos. El conflicto en la misión va en aumento. Queremos descansar la mirada, detener nuestra mirada, meterla dentro de esos objetos, poseerlos.

Los objetos que nos rodean son un asidero temporal para nuestra angustia. El efecto es breve. Nuestra mirada es cada vez más tentacular e insaciable: cuando el objeto agota su capacidad para contener nuestra mirada, ésta repta hacia otro lugar, intentando calmar su hambre.

Hoy mis ojos han entrado dentro de otro tripulante, desean apoderarse de él, ocupar hasta el último centímetro de lo que es, de lo que desea.
Está en el suelo, vacío. Todas nuestras miradas le cubren. Por completo.