lunes, 16 de junio de 2008

Cardumen



Su gran cuerpo no es más que un cuerpo a pedazos, móvil, disuasorio... pero no te confundas, en el caso de que tuvieras alguna ventaja, tu ventaja solamente residiría en tu tamaño o tal vez en el tamaño de tu ojo.
Si tu cuerpo fuera del tamaño de uno solo de ellos y los vieras en esa gran danza vencería tu ojo a tu cuerpo y no introducirías aquí nada más allá de tu asombro o tu miedo.

Introduce tu cuerpo y verás.

Piensa en cómo podrías vencer a tu ojo desde aquello que unes a nuestra imagen.
O en cómo podríamos acabar por extraer tu cuerpo hasta hacer que quedes suspendido en el centro exacto de nuestro ojo, construyendo la danza de gigantescos peces que creen un cuerpo único y móvil desde ti. Rodeándolo todo.

jueves, 5 de junio de 2008

Una situación soluble

Verás... aún en el caso de que pudiese hacer memoria (lo que desafortunadamente no es el caso), no podría decirnos el momento preciso en el que comenzaron los escapes en su cuerpo.
Estaban ahí, simplemente. Hasta donde podía recordar. Brotaban, sin que su voluntad sirviese para mucho más que corregir esos escapes con mayor o menor habilidad.
Resultaban difíciles de prever. Arbitrarios.
Aunque, por decirlo todo, no siempre fue así: hubo un tiempo en el que una pequeña porción de piel, no mayor que la cabeza de un alfiler, comenzaba a hincharse y palpitar brevemente hasta que un hilillo de aire acababa por abrirse paso desde algún lugar de su cuerpo.

Comiéndose un bocata a la hora del recreo o en el camino de ida y vuelta del colegio o lavándose los dientes antes de dormir o viendo la tele. Afortunadamente durante su infancia siempre tuvo alguien a mano dispuesto a localizar estos escapes y ponerles un parche. Eran escapes sutiles, y muchas veces ponían su cuerpo o parte de su cuerpo bajo el agua, hasta dar con ellos.
Con los años aprendió a localizarlos. Incluso a taponarlos de forma más o menos decorativa.
Por supuesto, algo vendría a sumarse a esta situación.